3 Las identificaciones

Entre 1987 y 1991, el EAAF identificó a cuatro personas encontradas en el sector 134, a través del análisis antropológico y la comparación con características pre mortem, como patologías e intervenciones quirúrgicas. Se trataba de tres mujeres y un varón secuestrados en distintas circunstancias y vistos en centros clandestinos de la zona sur del gran Buenos Aires, como la Brigada de Investigaciones de La Plata y la de Lanús. 

En 1992, fue posible la primera identificación genética de restos óseos de personas desaparecidas. En ese entonces, el testeo solo era posible uno a uno, es decir entre una muestra tomada de un hueso y una muestra de sangre donada por un familiar, y se hacía en Estados Unidos. Por eso, para realizar un cotejo de ADN había que partir de una hipótesis sólida. Entre los esqueletos recuperados, uno pertenecía a un niño de 9 años, edad que no era frecuente entre las personas desaparecidas. Se trataba de Carlos Alberto Manfil, quien había sido asesinado con su papá Carlos Laudelino y su madre, Angélica Zárate, también encontrados en el sector 134 e identificados en el mismo momento.

En los años siguientes, fueron posibles sucesivas identificaciones que aumentaron de manera pronunciada cuando se creó la Iniciativa Latinoamericana de Identificación de Personas Desaparecidas (ILID) y fue posible el cotejo masivo de datos genéticos, es decir: comparar todas las muestras tomadas de los restos óseos con todas las muestras donadas por familiares de personas desaparecidas. En este contexto, en 2007, fue identificada María Teresa Cerviño, cuya búsqueda había iniciado formalmente el trabajo del EAAF en el sector 134 en 1987. Actualmente, las identificaciones volvieron a ser dificultosas, lo que se explica, en parte, por el hecho de que no todas las familias donaron una muestra de sangre para el cotejo genético. 

El avance de la ciencia genética no implica la pérdida de importancia de la investigación histórica. Por un lado, porque las hipótesis de identidad continúan siendo necesarias para la construcción de las bases de datos forenses y para la consistencia de los resultados. Y al mismo tiempo, porque la identificación de cada persona implica la restitución de su nombre y, también, la reconstrucción de qué le sucedió entre el momento en el que fue denunciada como desaparecida y su aparición.

8/08/2014. Ceremonia de despedida de Lila Epelbaum, encontrada en el sector 134. Archivo EAAF.

Los 11 de Costa Sarandí 

Una de las identificaciones antropológicas logradas en el sector 134 en los primeros años de trabajo fue la de una mujer que integraba un grupo de once personas inhumadas allí el 21 de junio de 1976.

La información sobre las muertes violentas que podían considerarse resultado del plan represivo era asentada en distintos lugares: por el Registro Provincial de las Personas en las actas de defunción; por el municipio en los libros del cementerio; en expedientes judiciales originados por el hallazgo de cadáveres en la vía pública; en informes de los servicios de inteligencia y por las propias Fuerzas Armadas en expedientes tramitados por el Consejo de Guerra Especial, conocidos como “carátulas blancas”. Una vez terminada la dictadura, estos documentos oficiales se convirtieron en fuentes muy importantes de información para comenzar a dilucidar cuál había sido el destino de las personas desaparecidas. Una parte significativa del trabajo del EAAF consistió en correlacionar todos los conjuntos de información.

Un expediente carátula blanca había registrado que nueve hombres y dos mujeres habían muerto en un “enfrentamiento” el 20 de junio de 1976, en un lugar al que llamaron “Costa Sarandí”, en el partido de Lomas de Zamora. El documento, al que el EAAF tuvo acceso a través de la Cámara Federal de la Capital, describía las lesiones de los cadáveres y registraba su inhumación en fosas individuales del sector 134 del cementerio de Avellaneda.

En 1991, durante la excavación, se encontró una hilera de fosas individuales que tenía características compatibles con el episodio del 20 de junio de 1976: la cantidad, la ubicación en el sector y las lesiones de los esqueletos. 

Como hay menos mujeres desaparecidas que varones en esa condición, en los conjuntos mixtos se suele comenzar por explorar las posibles identidades femeninas. Además, se trabajaba con la hipótesis de que los identificados en el sector 134 habían sido en su mayoría secuestrados en la zona sur del gran Buenos Aires. Por lo tanto, se construyó un listado de las mujeres denunciadas como desaparecidas antes de esa fecha en esa zona. 

En simultáneo, la reconstrucción histórica mostraba que la prensa de la época de los hechos había registrado la muerte de once “extremistas” en Lomas de Zamora, un día después de que se le atribuyera erróneamente al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) un atentado contra un militar de alto rango. 

Al mismo tiempo, en el análisis en el laboratorio antropológico se determinó que uno de los esqueletos femeninos tenía posibles secuelas de una poliomielitis. 

Con todos estos elementos, el EAAF acotó una hipótesis de identidad que pudo corroborar a través de las fichas odontológicas. Se trataba de Lidia Nélida Massironi, integrante del ERP, secuestrada en Ranelagh, en el sur de la provincia de Buenos Aires, el 1 de junio de 1976 y llevada al Pozo de Banfield. A partir de allí, se construyeron otras hipótesis de identidad de hombres y mujeres de esa misma organización. Nueve de ellos recuperaron sus nombres por vía genética en los años 2000. Dos aún no fueron identificados.